Cada noche se preparaba para acostarse escogiendo entre su lencería la más adecuada; quería encontrar la prenda perfecta, la idónea, la exacta. Ellos, impacientes, no sabían cuál sería el elegido; nerviosos e inquietos trataban de presentar su mejor aspecto ante ella.
Desde la adolescencia eran su debilidad y fue entonces cuando comenzó este ritual que no por repetido, dejaba de causarle un gran placer. Se decidió: babydoll de satén negro con encaje transparente en el escote y dos gotas aceite de jazmín en el dorso de la muñeca.
Esta noche dormiría con Henry Miller, el elegido fue “Trópico de Capricornio”
CARMEN FABRE