domingo, 11 de diciembre de 2011

NO.



Amanece después de una noche interminable.

Me levanto recordando y tratando de poner en práctica las instrucciones que me había dado el fisioterapeuta:“Sé consciente de que has despertado, desperézate. A continuación rueda hacia el lado en el que , normalmente descansas; apoya el codo y baja las piernas, siéntate en la cama , apóyalas en el suelo  y permanece así, en esa posición, unos dos minutos”.

Hoy me hace falta todo ese ritual, estoy algo mareada y cansada, muy cansada, infinitamente cansada.

En la ducha, de pronto, recuerdo las cosas más peregrinas: a mi madre bajando por la cuesta del colegio cuando venía a recogerme, siempre más tarde que las demás madres; el día de mi boda en que  creí ser la más importante y envidiada de todas la mujeres, el primer desplante de Luis: “Cállate que de ésto no sabes nada y además delante de mis amigos ni se te ocurra llevarme la contraria, que sea la última vez”.

Me doy cuenta de que llevo quince minutos bajo el agua y salgo. La radio sigue con su cantinela mientras me visto.

-¿Qué me pongo?

Desayuno con cierta calma. Cojo el bolso y mi portátil , no quiero hoy salir de casa, no quiero.

Monto en  el autobús mis compañeros diarios me parecen distintos, veo a  Rosa que cuida a una señora y que siempre lee una biblia que lleva en una especie de funda con cremallera, a las dos adolescentes, Elvira y Clara creo que se llaman, que charlan alto y que , a la vez que lo hacen toquetean el móvil y están con los cascos( increíble multiplicidad de acciones) y a los demás: al conductor, a la profesora que corrige exámenes.. también los observo hoy con más detenimiento.

En el trabajo la jornada transcurre lenta, pesada, interminable. D e vez en cuando me quedo como ausente, las tablas del Excell, las bases de datos, los informes.. todo me parece igual, y la verdad es que hoy me da lo mismo. Miro al reloj continuamente.

Antes de salir voy al despacho de Luisa y le pregunto algo relacionado con la cuenta de Stándar Moovies, debe ser bastante simple porque me dice:

-Pero ¿qué te pasa? ¿Por qué me preguntas algo que es obvio?

Me voy .Bajo del autobús en la parada que no quiero. Mis pasos se dirigen a la entrada que no quiero traspasar y me paro delante de ella; la puerta se abre y cierra varias veces haciendo caso automáticamente al sensor.

Llega el momento, cruzo la puerta, bajo a la planta menos uno y me acerco al mostrador

-¿Nombre?

-Marta Ruiz Alcorta.

-Aquí tiene.

Salgo, hay un sofá gris con los brazos metálicos, me siento.

Pasan cinco minutos y rasgo el sobre.

¿Por qué ha amanecido?

CARMEN FABRE

6 comentarios:

Laura Frost dijo...

¡¡Qué bien escribes, hija mía!!
Besos por doquier

Mari Carmen Azkona dijo...

Somos memoria, nada se pierde...ni siquiera lo que creímos olvidado. Un aroma, una imagen, un sonido y, de repente, todo se despierta.

Cada día escribes mejor, Carmen, continua.

Besos y un fuerte abrazo.

CARMEN dijo...

Laura, qué te voy a decir.. gracias¡¡

CARMEN dijo...

Mari Carmen , sí todo despierta en un momento determinado para bien generalmente...

Gracias,amiga¡¡

Emilio Porta dijo...

Una de las cosas que me parece importante en un escritor es su capacidad de fluencia, su facilidad para escribir sin que se le note el esfuerzo. Y a ti no se te nota. Tienes ideas, mezclas cosas propias con ajenas pero, de tal modo, que tu escritura siempre aparece como algo, por un lado, personal, pero por otro, objetivable. Algo de esto le pasa a un maestro, a uno de los grandes, a Paul Auster. No es por comparar pero, sigue así...y ya verás donde llegas.

CARMEN dijo...

Gracias por tus palbras, Emilio.

Un abrazo.

Publicar un comentario

Gracias por visitarme.