Oigo tu llave en la puerta y tiemblo.
Me siento desnuda en la intimidad de mi angustia, cubierta por un chal de truenos que retumban y agitan mi cuerpo.
Busco zigzagueante y tropiezo en las esquinas afiladas, agudas, del recuerdo de tu rostro antes amado, querido, y ahora temido . Solo encuentro oscuridad y carcoma, pesadumbre que he urdido en el enjambre hexagonal de mi alma, siento una arcada que no sale, que se queda pegada a mis fauces; asco, sudor helado, savia avinagrada.
No logro localizar en el tiempo el por qué de este envilecimiento tuyo.
La noche se tiñe de un verde bilioso, temo el amanecer.
Oigo tu llave en la puerta…
Y mis ojos dibujan un collar de lágrimas...
CARMEN FABRE







