viernes, 18 de mayo de 2012

NATURALEZA MUERTA.




 María volvía de su trabajo pensando que nunca le gustó el verano. Desde hace tiempo las  vacaciones no existían para ella. Solo había calor, sensación de ahogo, y asfalto medio derretido.

 Su estado no era el más apropiado para andar a las tres de la tarde por las calles de Madrid. El termómetro marcaba treinta y cinco grados y una sensación de mareo le impedía caminar tranquila. Temía caerse en cualquier momento.

Llegó a su casa. Un piso destartalado, oscuro,  en el que el único adorno de las paredes era una mancha de humedad que cambiaba de forma según iban pasando los días. Unas veces se asemejaba a una marina y las más a una naturaleza muerta, como ella. Se tumbó en la cama vestida, sin  fuerzas ni para quitarse la  ropa. Estaba agotada, sin ánimo de vivir, y sola. Sola con algo  en su interior que no deseaba.

No le había dicho a Luis que estaba embarazada. Ni por un momento pensó en darle la satisfacción de que preguntara: ¿Seguro que es mío?

Despertó empapada. En un principio pensó que era sudor ,al moverse vio una mancha roja en la cama. Era sangre. Se incorporó y un caudal incontrolado fluyó  de su cuerpo a borbotones. 

No tenía teléfono - lo dio de baja cuando su nómina empezó a ser  cada vez más exigua - y mucho menos móvil .Se levantó cómo pudo y bajó a la calle. Pero cayó al suelo sin darle tiempo a intentar buscar un taxi.

Despertó en un hospital rodeada de personal sanitario que le preguntaban su  nombre insistentemente.
-María, me llamo María.

-¿Quieres que avisemos a alguien?

-No, no tengo a nadie a quien avisar.

Sus miradas mostraban pena, conmiseración y desaprobación, todo a la vez.

Confirmaron lo que ya sabía. Estaba abortando, le dieron un calmante y la llevaron a una habitación en la que había varias mujeres más. El dolor era cada vez más insoportable y la angustia de la soledad lo acrecentaba considerablemente. Pidió más calmantes pero  dijeron que no,  por si se lograba salvar al niño. Le  dieron ganas de gritar y decir que no  lo quería, que  bastante complicada era su vida, que había sido un error. Que pensasen lo que quisieran, le importaba un carajo, solo quería no sentir dolor y salir de allí.

Al cabo de unas horas interminables sintió ganas de ir al baño, se levantó con dificultad y notó que algo sólido y viscoso salía de ella.  Gritó llamando a las enfermeras mientras todo se nublaba a su alrededor.
Lo siguiente que recordaba era un pasillo,  luces en el techo y alguien que la había levantado como una pluma depositándola en una camilla de quirófano. Y una luz potente y un estado de ingravidez y paz semejante a la tranquilidad suprema.

Cuando se despertó  a su lado vio un médico que le preguntó cómo estaba. “Jodida” contestó.

El médico le dio el alta. Firmó unos papeles y se encontró en la calle.

Al volver a casa lloró hasta quedarse dormida pero antes de hacerlo observó que la mancha de la pared había cambiado de forma. Seguía, sin embargo, siendo una naturaleza muerta.

CARMEN FABRE.




7 comentarios:

Emilio Porta dijo...

Jamás he visto una "naturaleza muerta" tan viva literariamente y bien escrita. Espero que la mancha de humedad se absorba del todo. Un abrazo, Carmen.

Rosa dijo...

Impresionante relato mi querida Carmen. La miseria siempre atrae miseria, y desgraciadamente siempre cae en el mismo lado.

Tus finales impactantes forman parte ya de tu señal de identidad y de lo bien que escribes.

Un besito cielo

Mila Aumente dijo...

Muy buen relato, Carmen. Veo que eres una gran escritora.

Un beso.

CARMEN dijo...

Gracias Emilio tus comentarios siempre animan y acompañan. Un abrazo.

CARMEN dijo...

Rosa, la vida se ceba casi siempre con las mismas personas, es cierto.

Gracias por tu comentario, amiga. Me gusta que te gusten mis finales¡¡

Un beso

CARMEN dijo...

Gracias Mila. Una aventura iniciada hace poco y que me encanta.. besos, cielo.

Mari Carmen Azkona dijo...

Carmen, parece que la desgracia nunca camina sola y siempre lleva la adversidad de la mano. Una gran mujer, un gran relato...Si con las manchas ocurre como con las nubes, quizás pronto comience a proyectar, en ella, sus sueños.

Besos y un fuerte abrazo.

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