martes, 7 de junio de 2011

NADA .CARMEN LAFORET




Era invierno, de eso estoy segura, porque recuerdo la sensación de frío en mis manos y el calor ardiente en mis ojos recorriendo ansiosamente las páginas de aquel libro.

En mi cama, en mi habitación compartida con mi hermana pequeña, comencé una noche un libro que marcaría la iniciación (como en un ritual) en el mundo de la lectura de adultos, de los mayores…

Ese libro me atraía… me miraba y lo miraba, estaba allí en el estante de la biblioteca de mis padres, es decir, que si ya estaba en mi mente y lo leí con 14 años… debía tener 12 o 13 cuando me percaté de que me llamaba con insistencia. Ya a los 12 años intuí que había otro mundo diferente al que conocía al ver bajar por las escalerillas de un avión a los Beatles el 1 de julio de 1965; existía ese “otro mundo”, distinto, atrayente, misterioso… y de algún modo tenía que explorarlo, investigarlo, atraparlo y apoderarme de él.

Y a los 14 descubrí que también había otro mundo diferente esperándome: la FASCINACIÓN, por la Literatura, los escritores y las historias que me podían contar y asimilar para mi vida.

Me metí en la cama con el libro de “Nada” escondido debajo de la almohada, esperé a que mi hermana pequeña (bastante más que yo) se durmiera  y entonces… abrí y olí aquel libro…  (Siempre huelo los libros…)

Aparecieron los personajes y el ambiente, me sumergí en él, no había nada más… Andrea, la abuela, la criada (Antonia, siempre de negro, el gato igual), los tíos Román (destructivo, egoísta, manipulador, misógino…), Juan (pobre…) Gloria (esposa de Juan, frustrada en su vida amorosa, triste y desgraciada) y ENA, ¡¡ay¡¡ ENA… yo quería ser ENA de mayor…

Barcelona, una ciudad que entonces yo no conocía, pero sobre todo el ambiente de la postguerra, más localizado en la casa de la familia de Andrea que en la propia ciudad, asfixiante, triste y duro.

Acabé el libro en esa noche de invierno, no recuerdo la hora ni el día exacto pero marcó el inicio de una de los aspectos más importantes de mi vida y que me ha acompañado en todas las situaciones complejas e incomplejas: La necesidad imperiosa de LEER…¡¡Gracias Carmen¡¡





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