domingo, 11 de septiembre de 2011

QUID PRO QUO


 Deseaba sus gestos de cariño y complicidad. Al principio con anhelo, con el corazón bailándole en los ojos que brillaban en la espera; al cabo del tiempo con paciencia que rayaba en la conformidad, será que tiene que ser así, hasta que una tarde percibió que la indiferencia, el olvido, era real y se fue.

Echó a su espalda, como la otra vez, su amor, sus recuerdos, ilusiones y  planes; no pasa nada, se dijo.

Justo en ese momento fue cuando él notó su ausencia ¿Dónde estaba? La buscó en el lugar habitual; desconcertado miró a su alrededor… si siempre estaba allí… no se puede haber marchado… y  ahora es él quien espera con incertidumbre, la que ella sintió tantas tardes.


4 comentarios:

Laura Frost dijo...

Ay, Carmen. Cómo me gustan tus textos. Y quería escribir esta noche, pero claro, con estos estímulos no es nada fácil.
En realidad, con esta historia a mi me da por decir: ¡ pues que se fastidie! Nada es eterno, y hay que tener muy claro que una mujer como tu protagonista necesita algo más que la migajas.
Fantástico!!

CARMEN dijo...

Besos mi niña¡¡ todas las personas necesitan algo más que migajas... todas¡¡

María dijo...

Gracias Carmen. Precioso texto amiga.
Me reconozco en el, en el ya tristemente personaje clásico de la mujer que se no siente amada. La historia de muchas otras personas que un día dicen ¡Basta!
Porque si con algo no se puede comerciar es con los afectos.
Besos!!

Emilio Porta dijo...

Vaya nivel. ¿Sabes lo que me gusta de tu escritura? Que el nivel intelectual, lo complejo - y lo tienes, vaya mente - se vuelve sencillo a la luz del corazón. Y llega siempre. Pongas lo que pongas. Eso no está al alcance de todos.

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